Beber la cicuta | El Nuevo Siglo
Viernes, 19 de Abril de 2019

Por éstos tiempos se hace necesario revivir la historia de ese gran filósofo griego de Atenas, año 470 a.C, quien no dejó ninguna obra escrita, pero que debemos destacar porque su reflexión se centró en el ser humano, particularmente en la ética, buscaba inducir a los atenienses a la práctica de la virtud.

 

Para Sócrates el conocimiento consistía en la aceptación de la ignorancia, era la permanente búsqueda de la virtud, su lema: “conócete a sí mismo”. Sólo una conducta virtuosa proporciona la felicidad, de todas las virtudes, la más importante es la sabiduría.

 

El sabio toma la honestidad como su máximo bien, lo que le permite obtener  confianza, reputación, estima, beneficios muy superiores a la riqueza y el poder.

La política socrática es definida como la tendencia a la perfección moral del ciudadano y del cumplimiento de sus deberes.

Sócrates quien fuera un crítico franco de la democracia ateniense, no reconoce a los dioses en los que creía la sociedad, pensaba que el hombre es un ser eminentemente social y político, y en virtud de ello el Estado es una comunidad política por esencia natural que fluye por sí sola.  

Por ello es llevado a juicio, siendo juzgado y luego condenado.

Sin embargo, su máxima era obedecer las leyes de la ciudad en las que siempre vivió en coherencia con sus principios y defensa de la legalidad. Así que aceptando su condena, bebió la cicuta para demostrar que aunque no estaba de acuerdo, respetaba y cumplía las leyes.

Ahora, surgen otros personajes que brillan por su inteligencia y moral, pero  con el pasar de los tiempos sus actitudes se van trasformando.

El fenómeno de Antanas es único, fue un gran motivador de la moral y de las buenas costumbres. Desafortunadamente después de un año de haberse convertido en un buen padre de la Patria en el Senado, el Consejo de Estado le anula su elección.

Su prestigio fue el motor para que aspirantes a cargos de elección popular se convirtieran en sus mejores amigos, o como decía Santos “su mejor amiguis” logrando así obtener una excelente votación.

No podemos desconocer que Antanas brilló por sus enseñanzas lúdicas para enseñar al  ciudadano el cumplimiento  de las normas y leyes del Estado.

Al perder la curul, Antanas  manifestó que aceptaba con resignación las decisiones del Consejo de Estado, por respeto y acatamiento a las instituciones y a la democracia, igual lo hizo Sócrates.  

Ese acatamiento a las normas nos enorgullece, sus palabras fueron escuchadas  como cantos de sirena.

Pero del dicho al  hecho hay mucho trecho, como decía mi abuelo. La realidad es que el ilustre profesor Mockus ahora se convirtió en el idiota útil de los políticos de turno.

Mejor que el profesor Mockus  hubiera bebido la cicuta para dejar su nombre en la historia, y no para quedarse en el fango de la política.