DIANA SOFÍA GIRALDO | El Nuevo Siglo
Jueves, 4 de Agosto de 2011

Mentalidad arcaica


“Tiempo de expresar nuestras creencias y hacerlas respetar”


¿QUÉ  nos pasa a los creyentes? ¿Nos volvimos católicos vergonzantes? A los colombianos se nos olvida con frecuencia que somos una abrumadora mayoría y nos estamos dejando sacar a sombrerazos de todos los rincones. Invocando artificialmente la libertad religiosa, nos están aplicando una intolerante dictadura de las minorías. Nuestro tímido silencio se vuelve cómplice de una situación que está pasando de castaño a oscuro, y proyecta una imagen de debilidad, que no corresponde a la realidad.


Los casos más recientes hablan por sí solos. La imagen de la Virgen que mantenía el procurador, Alejandro Ordóñez, en el oratorio, apareció sin cabeza. El significado de la decapitación es evidente, y constituye una muestra de fanatismo primario y peligroso, que nos recuerda el episodio en el cual un predicador en Brasil pateaba una estatua de la Virgen ante las cámaras de televisión.


Todo esto sucede en el interior de la Procuraduría, en medio de una controversia desatada por funcionarios que no comparten la fe católica, profesada por su jefe y por la mayoría de empleados de la entidad. La libertad de cultos y la tolerancia civilizada no legitiman a nadie para perseguir a los católicos que quieran voluntariamente asistir a misa los primeros viernes o tan solo orar frente a la imagen de su devoción. Ahora resulta que todo el mundo puede rezarle a la Virgen, menos el Procurador.
Esta intolerancia hacia quienes profesamos la fe católica se está poniendo de moda en los medios de comunicación, instituciones públicas y hasta en entidades privadas como colegios, clubes y asociaciones profesionales… y ya va siendo hora de detenerla.


Paradójicamente, los comunistas, que se caracterizaron como enemigos tradicionales de todas las religiones, a las que calificaban como el “opio del pueblo”, empiezan a rectificar, según lo demuestra el caso reciente sucedido en Cuba, donde una señora fue despedida de su trabajo por profesar la fe católica y asistir el domingo a misa.

Sorpresivamente, el presidente Raúl Castro calificó el caso de amarga experiencia y afirmó que las actitudes de esos dirigentes del Partido Comunista están “basadas en una mentalidad arcaica”. Agregó que es necesario “revisar toda esta visión estrecha y excluyente de manera definitiva… sirvan estas palabras como un acto de reivindicación moral”.


Se necesitaron cincuenta años de castrismo para reconocer que debe respetarse el derecho de cada cual a profesar la religión que prefiera y acercarse a Dios de la manera que considere mejor. Pero, bueno, más vale tarde que nunca y no podemos criticar a Dios por valerse de los arrepentidos. Sólo que hay que rogar por ellos para que queden bien arrepentidos.


Es el tiempo de los laicos. Es tiempo de despertar y expresar públicamente nuestras creencias, y también tiempo de hacerlas respetar.