Cultura y Sociedad.

La afición se desbordó en Bogotá

Bogotá.
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La afición se desbordó en Bogotá
Cortesía
Con un lleno imponente y un cartel de lujo, la Santamaría se rindió ante la terna que salió a hombros tras cortar dos orejas cada uno. Andrés Roca Rey se robó el corazón de la afición capitalina, pero ‘El Juli’ ripostó y cuajó la faena más completa de la tarde.

 

 

Generalmente, las corridas de toros en la Santamaría inician a las 3:30 p.m. Sin embargo, los fuertes controles policiales y los ríos de gente postergaron un poco el inicio del festejo, pues se tenía preparada una fiesta en la que nadie se podía quedar por fuera.

 

Julián López, ‘El Juli’, Luis Bolívar y Andrés Roca Rey salieron sobre las 4:00 p.m. para hacer un paseíllo cargado de emociones. Los tendidos, que esta vez no tuvieron la compañía de la tradicional bota, se prestaron para el espectáculo.

 

Quizá era tal la expectativa que se vivía en el coso de la 26 que a los presentes los impacientó la falta de fuerza del primer toro, que le correspondió a El Juli. El astado, justo de casta, no permitió el lucimiento del español quien abrevió y mató con media estocada.

 

A pesar de llevar varios lustros ocupando el sitial de figura, López salió al ruedo en su segundo toro, cuarto de la tarde, lleno de rebeldía torera: de entrada se vio la voluntad del diestro cuando tomó el capote y trazó varias series de ‘lopecinas’. No quería dejar nada al azar y brindó al público posando su montera en la arena meticulosamente para que, ni siquiera eso, fuera a salir al revés. Las tandas en redondo, con mando, ejecutadas con sendos naturales al mejor toro de la tarde, calaron en los tendidos. El poder en la muleta fue el denominador de la faena que culminó con una estocada certera que puso, sino a todos, a la gran mayoría de asistentes a la Santamaría a ondear los pañuelos blancos pidiendo los trofeos para el matador. Dos orejas.

 

Y el que causó esa reacción de sana competencia en el veterano torero fue un joven que ya es una realidad de la tauromaquia. El peruano Andrés Roca Rey tiene a la Bogotá taurina a sus pies. No es algo en vano pues la plaza le reconoce la forma en que este torero se juega la vida cada vez que pisa la plaza. En ambos toros enfrentó dificultades.

 

Su primero, un jabonero sucio, se vino a menos y tuvo que lidiaron en las tablas. Fue tal el arrojo del matador que el respetable enloqueció. Si bien la faena inició con gran despliegue en la muleta, su oponente se rajó tras las primeras dos tandas y, como la montaña no fue a Mahoma…Roca Rey fue a por él en sus terrenos. La emoción desbordada de la plaza hizo que fuera unánime la petición de las dos orejas, concedidas por el presidente.

 

El cartel lo cerraba el colombiano Luis Bolívar. Su aporte también fue valioso pues tuvo regularidad en sus dos toros: al primero le ligó una faena correcta, que no terminó de romper cuando el caleño lo intentó por el pitón izquierdo. La estocada fue caída, certera al fin y al cabo y le fue entregada una oreja.

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